sábado, 29 de septiembre de 2012

Un ejemplo de “literatura menor y fronteriza”: Avión de ricos ladrón de cerdos, una propuesta de análisis







Un ejemplo de “literatura menor y fronteriza”: Avión de ricos ladrón de cerdos una propuesta de análisis







                                                                         Selena Nobile 
                                                                         Università della Basilicata
                                                                         Università del Salento
                                                                         (Italia)
                                                                         








Hace años que me ocupo de la emergencia[1] de las literaturas hispano-africanas[2] y de la migración[3] a España, y, en el presente estudio, el objetivo que me propongo es el de analizar una de las novelas más interesantes del escritor guineoecuatoriano que escribe en castellano Juan Tomás Ávila Laurel: Avión de ricos ladrón de cerdos. Autor prolífico Juan Tomás Ávila Laurel que, hasta ahora, ha publicado varias obras enfrentándose con todos los géneros literarios, de la poesía a la prosa, del teatro al ensayo. Autor que hasta 2011 ha vivido en su país donde ha escrito y publicado sus obras. Sin embargo, a causa de su actividad de oposición a la dictadura de Obiang, a principios de 2011, después de una huelga de hambre, tuvo que huir de su país de origen y ahora vive en Barcelona donde sigue su lucha contra la dictadura denunciando, dando conferencias sobre la situación de su país y sobre la literatura de Guinea Ecuatorial escrita en castellano. Su escritura, por lo tanto, entraría también en la categoría de literatura migrante.

Para contextualizar dicha novela y a su autor, sin embargo, y ante todo, quiero reflexionar sobre los conceptos de literatura de frontera y de literatura menor, conceptos que comparten muchos rasgos para luego aplicarlos a las literaturas hispano-africanas y en particular a la novela en cuestión.

La etimología de la palabra frontera procede del latín frons frontis, “frente”, e indica dos países que están el uno en frente del otro[4]. “Estar en frente” significa entrar en contacto, encontrarse. El encuentro no siempre es pacífico, al contrario, la historia nos enseña lo conflictivos que han sido los encuentros/desencuentros entre distintas civilizaciones. Toda la modernidad es el resultado del “descubrimiento” de América, momento histórico a partir del que se ha producido un desencuentro con el “otro” determinando su encubrimiento por parte de Occidente[5], y lleva rasgos hegemónicos en el establecimiento de las relaciones entre centro y periferia, entre norte y sur del mundo. Al mismo tiempo, de este encuentro/desencuentro sale una tercera otredad que no es la simple suma de la primera y de la segunda, sino una síntesis, una hibridación, un mestizaje no indiferenciado de las que la han generado. Este mestizaje, fruto de una continua negociación de elementos que se oponen el uno al otro, representa el espacio intersticial en el que se produce una literatura de los mundos, o sea, de una literatura, que ya no es el sistema de valores estéticos y culturales europeos proyectados en el mundo[6], sino un tercer espacio en el que entran en contacto distintas otredades.

La emergencia, en la accepción de Guillén, en los últimos decenios, de literaturas que escapan a la definición canónica y hegemónica de tipo euro-céntrico, que ha monopolizado la atención de la crítica que sigue siendo universalista y occidentalista, hace derrumbar el concepto de literatura nacional con el que se suelen indicar las literaturas europeas y de poscoloniales con el que se suelen indicar todas las literaturas que no proceden del llamado “mundo occidental”. Entre estas literaturas fronterizas[7] podemos destacar las literaturas de la migración y todas esas literaturas producidas en las periferias del mundo por parte de autores que utilizan una lengua colonial o cualquier otra lengua “mayor” como su lengua de expresión artística y que huyen a la definición de autores poscoloniales por las temáticas y formas narrativas que proponen.

El concepto de lengua mayor que acabo de utilizar nos acerca a la definición de literatura menor. Una literatura menor es “la literatura que una minoría hace dentro de una lengua mayor”[8]. Generalmente con el término lengua mayor se indica una lengua que no es autóctona del lugar donde nace una literatura menor pero que se sitúa en una posición hegemónica respeto a las hablas locales. Si tenemos en cuenta el papel sociolingüístico y cultural que el castellano ha tenido en Guinea Ecuatorial se puede decir que estaría en una posición “mayor”. Y que, en un cierto sentido, ejercería el mismo papel que las demás lenguas europeas ejercen en todos los países que han sufrido el colonialismo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el castellano no ejerce ya una verdadera hegemonía en el espacio geopolítico en el que ha nacido dicha literatura, ya que es el francés la lengua europea que desarrolla ese papel dominante-hegemónico. Y este elemento de ser lengua mayor sui generis es el elemento que comparten todas las literaturas hispano-africanas junto, como veremos, al rechazo de la dimensión poscolonial como rasgo definitorio de su esencia.

A pesar de todo, hay que decir que, en estos contextos, las lenguas europeas, con palabras de Deleuze y Guattari, son lenguas desterritorializadas y vehiculares ya que sólo las lenguas autóctonas-vernaculares se pueden considerar míticas y referenciales[9].

La desterritorialización está conectada con la posibilidad concreta de que una lengua pueda representar y traducir una realidad ajena a su tradición y evolución histórica aún más cuando se utiliza una lengua colonizadora. De hecho la adaptación de la lengua colonial a los discursos anticoloniales y poscoloniales es muy compleja y nunca es neutral. Se puede decir que los escritores no se limitan a utilizar las formas estándar, sino que las personalizan dándoles una forma alternativa. En este sentido hacen lo que Deleuze y Guattari sintetizan bajo dos categorías: “reterritorializan simbólicamente la lengua a base de arquetipos, de cábala, de alquimia, o van más lejos en la desterritorialización a fuerza de sobriedad”[10]. En ambos casos, o que hagan un uso intensivo o simbólico de la lengua, producen una literatura revolucionaria, o sea, una literatura que derrumba los cánones tradicionales y que desvela las contradicciones del mundo posmoderno.

Otros rasgos definitorios de las literaturas menores son: “la articulación de lo individual de lo inmediato político, y el dispositivo colectivo de enunciación”[11]. La desaparición de la dimensión individual a favor de la política y colectiva es algo imprescindible en una literatura que se propone como una alternativa social “lo que el escritor dice totalmente solo se vuelve una acción colectiva, y lo que dice o hace es necesariamente político, incluso si los otros no están de acuerdo”[12]. De hecho la literatura va a cumplir ese papel de concienciación colectiva y social que en algunos contextos “la conciencia civil o nacional” no pueden cumplir.

Por mucho tiempo la crítica ha defendido la tesis de que una característica que define lo poscolonial es el rechazo del colonialismo y la dimensión anticolonial del intelectual. Sin embargo, como decía antes, este elemento, que sin duda caracteriza buena parte de la literatura generalmente definida “poscolonial”, no lo encontramos, en cambio, de forma tan tajante en las literaturas hispano-africanas, y éste es un elemento que nos aleja de esa visión universalista y dicotómica que reduce todas las literaturas de los mundos en dos categorías, las que he citado antes: literatura nacional y literatura poscolonial.

De hecho en las literaturas escritas en lengua castellana en Marruecos, en Guinea Ecuatorial, en el Sahara Occidental, países que han sufrido el colonialismo español, casi no existe esta dimensión anticolonial. En el caso del Sahara Occidental el castellano es, incluso, la lengua de denuncia que se hace vocera de las reivindicaciones de autodeterminación en contra de la ocupación marroquí. Es la lengua que cruza la frontera para denunciar. En el caso de Camerún, de Túnez, países donde se ha registrado una producción literaria en lengua castellana, el castellano, que no ha sido lengua colonial, aún menos presenta una dimensión anticolonial con respeto a la relación que estos autores establecen con la lengua castellana[13].

En Guinea Ecuatorial, a diferencia de otros países africanos, no ha habido escritores que hayan luchado contra el colonialismo, y, sobre todo hay que tener en cuenta que “el discurso anticolonial en Guinea Ecuatorial fue secuestrado por el régimen de Macías hasta tal punto de que la práctica de la hispanofilia se convirtió en un refugio de resistencia, un territorio de nostalgia”[14]. Además, una parte de estas producciones se ha escrito en el exilio, de forma que la elección del castellano, como lengua de disidencia y como lengua de la “patria” perdida, ha sido bastante natural y esto ha determinado, en buena medida, la ausencia de una dimensión anticolonial. En cambio, se puede decir que todas las literaturas nacidas en contextos coloniales/poscoloniales presentan las características de las literaturas menores y, por lo tanto, si todavía tiene sentido recurrir a la categoría de literatura poscolonial lo tiene re-semantizándola en relación al concepto de literatura menor.

La articulación de lo individual de lo inmediato político, y el dispositivo colectivo de enunciación son elementos que caracterizan la novela Avión de ricos ladrón de cerdos. De hecho, el yo narrador del protagonista se desarticula colectivizándose. Este proceso se realiza dándole a la narración la forma de oraliture. Por su misma naturaleza el cuento oral es colectivo, el yo del griot, o mejor dicho del Mb'm-mvet, se superpone al nosotros del público oyente. Y es lo que el autor hace en su obra. En varios momentos el autor/narrador se dirige directamente a un público oyente más bien que lector y esto lo demuestra el uso de la primera y tercera persona plural:

“Llegado aquí, debemos retomar la historia que empezamos cuando hablamos” (62), “Ya hemos contado todo lo referente a aquel hombre” (73), “recuerden que dije que cuando…” (241), “Ahora que estamos aquí, aprovecho para decir que” (247), “¿Se lo imagina alguien? Esta posible historia que hemos llamado insólita” (247)[15].

De hecho, si se estuviese dirigiendo a un público lector recurriría a la tercera persona singular; pensemos en el celebérrimo “desocupado lector”, ya que la lectura es un hecho individual. Además el narrador para poner de manifiesto que está contando algo utiliza siempre el verbo decir, hablar y sus sinónimos. Y es precisamente en esto donde se produce la desarticulación de lo individual en lo colectivo, un colectivo que al mismo tiempo es político. Y así, se presenta como un moderno Mb'm-mvet que cuenta algo que pueda tener un sentido didáctico. Todas las narraciones orales persiguen una “moraleja” y es lo que hace también Juan Tomás Ávila Laurel. Con su obra denuncia, da a conocer, los problemas que afectan a su país. Esta forma de compromiso es un elemento que define también la esencia de la literatura menor. De hecho, el concepto de “arte por el arte” es una dimensión que no tiene cabida en estos sistemas literarios.

Lo que se puede poner de manifiesto es que en Avión de ricos ladrón de cerdos el compromiso es muy tajante, y, sin embargo, no está conectado directamente con las críticas anticoloniales. Por el contrario su autor critica la gestión del poder en su país en la contemporaneidad, no hace remontar los problemas de Guinea Ecuatorial al pasado colonial, a él le interesa el hic et nunc. Con ironía, critica y ataca la corrupción de su país y la conducta violenta del ejército:

“cuenta de que nuestros valientes militares no pierden tiempo cuando tienen la ocasión de golpear” (16), “pues todo el mundo sabe cómo conducen los militares en este país” (221), “porque sabía que en esta república una cosa es dictar las normas y otra, cumplirlas” (18).

Sin embargo las críticas más feroces son las que hace en contra de la hipocresía de la iglesia, de la doble moral que caracteriza su manera de actuar en África y su ceguera frente a los que son los verdaderos problemas que afectan al continente. Estas críticas se producen directamente atacando la postura del papa frente a la cuestión del aborto:

“Hay un señor que anda por allí con unas túnicas bordadas en oro y con crucifijos engastados en el mismo metal. A este señor se le ocurre decir que los que abortan son enemigos de Dios. Sin ser de ninguna ONG ni abandonar la fe que me dieron a conocer con el bautismo, y juzgando con sentido común, me atrevería a decir, y ante las mismísimas barbas de ese señor, que la historia de una madre que hierve piedras, y no sería la única, para el doloroso e inhumano consuelo de sus hijos es cien veces más grave que la de setecientas mujeres que abortan. El pecado cometido por quienes abortan es una ligera falta en comparación con la monstruosidad de que los niños coman piedras” (215),

e, indirectamente, recurriendo a algunos cuentos interpolados cuya moraleja es siempre la misma: criticar una iglesia que se ha olvidado del verdadero mensaje evangélico. Como el relato del obispo que, habiendo mandado levantar “una inmensa catedral”, “esperaba la aprobación de su gente” (216), y que, en cambio, encontró un loco/cuerdo que le dijo: “Su excelencia reverendísima, al revés que Jesucristo, convierte los panes en piedra”.

Además el autor denuncia también la explotación que el hombre blanco sigue perpetuando sobre los africanos. De hecho, el episodio del médico blanco pederasta que a cambio de prestaciones sexuales les da de comer a decenas de niños es una metáfora de la condición de subalternidad en la que se encuentra África. El doctor Edu en apariencia es casi un padre, una madre para estos niños, en realidad es el que les quita la infancia negándoles todas las posibilidades de rescate recurriendo a formas de chantaje:

“Nosotros no disfrutábamos de todas aquellas cosas porque aquel doctor fuera nuestro padre o nuestra madre, sobre todo madre, que en esta África nuestra es la que busca la comida, sino que todo en esta vida tiene un precio, y aunque nuestra madre no nos pasará la factura de todas las comidas que nos había servido en su vida, en la nuestra, quien pone comida, bebida, casa y protección es porque quiere algo a cambio” (88).

Como ya hemos visto otro elemento que caracteriza las literaturas menores para Deleuze y Guattari es la desterritorialización de la lengua. Hemos destacado también que una respuesta a la misma puede ser o una reterritorialización simbólica de la lengua a base de arquetipos o una desterritorialización que va más lejos a fuerza de sobriedad[16]. En el caso de Juan Tomás Ávila Laurel podemos decir que se produce una reterritorialización simbólica que se realiza adaptando el castellano a las formas de oraliture de las que hemos hablado y, al mismo tiempo adaptando este idioma a la representación de la concepción africana del tiempo que como afirma Inongo-Vi-Makomé es una concepción retroactiva que “va hacia atrás –que- empieza en el presente para perderse en el pasado”[17]. “El negro africano tradicional no va al encuentro del tiempo; espera que sea el tiempo el que venga a él. Es lento, repetitivo, camina hacia el futuro de espaldas y mirando al pasado”[18]. Dicha reterritorialización pasa por un experimentalismo formal, o sea, por una narración rapsódica caracterizada por larguísimas digresiones y cuentos interpolados que interrumpen la narración principal, para retomarla en un segundo momento. Esta estructura de cajas chinas, y el estilo rapsódico de la narración recuerda desde muy cerca la novela Serafim Ponte Grande de Oswald de Andrade. Además Juan Tomás Ávila Laurel parece homenajear al escritor brasileño en el siguiente pasaje:

[A pesar de que en él] “personalmente albergaba cierta esperanza de que sus gestas fueran premiadas, dentro de sí crecía la convicción de que cualquiera que se haya apostado en un rincón de su pueblo con sólo un kalashnikov desprovisto de cargador y que, además, no haya estado desde el principio en las filas insurrectas, es decir, en el bando del que se levanta en armas para tomar el poder, siempre es mirado con desconfianza” (60-61)

que tiene muchos elementos en común con éste: “Mas eu sou o único cidadão livre desta formosa cidade, porque tenho um canhão no meu quintal. Modéstia a parte, eu mesmo sou um símbolo nacional. Tenho um canhão e não sei atirar[19].

Además hay que destacar que Juan Tomás Ávila Laurel con esta novela está dialogando con otros escritores de Guinea Ecuatorial y no sólo: con Donato Ndongo, María Nsue, Wole Soyinca, Chinua Achebe y Ngugi wa Thiong’o por presentarnos un personaje paradigmático que Baltasar Fra Molinero define mesiánico, símbolo del conflicto entre tradición y modernidad que caracteriza, en buena medida, toda la literatura africana. O sea, el “del personaje que regresa al país natal a salvar a su pueblo”[20]. El de un hombre que lleva consigo los valores tradicionales de su gente pero que al mismo tiempo, habiendo estudiado en el extranjero, conoce la modernidad. Sin embargo, no siempre este personaje es un personaje positivo, un ganador de la historia. Por el contrario cuando por mucho tiempo, como en el caso de la novela Ekomo de María Nsue, el hombre negro ha llevado por mucho tiempo la máscara blanca, teorizado por Fanon, es destinado a la derrota final:

“Nfumbá’a, el africano de hoy, hombre del mañana, tras estar dos lluvias en Europa dejó su tradición encerrada entre los libros; dejó allí su personalidad y sus creencias africanas, y el ser sin continente regresó a su pueblo con un disfraz de europeo pero sin el europeo dentro: con una máscara de Europa pero sin su rostro en ella. Medio blanco, medio negro[21]”.



En el caso de Avión de ricos ladrón de cerdos es Yambambé Yambambó, a diferencia de Nfumbá'a, el personaje casi mitológico, positivo. El eco de sus hazañas sigue vivo en la memoria del protagonista de la novela. Muchas veces hace referencia a este personaje que para él es un modelo ético que hay que imitar:

“Ya hemos contado todo lo referente a aquel hombre que salió de Guinea para estudiar medicina y volvió con un diploma que nunca enseñó a nadie y con el alma impregnada del aroma de un gran poeta negro que marcaría su existencia, Yambambé Yambambó amó como se ama en África y se lamentó solamente una vez, cuando las mentes inicuas del nuevo régimen que contribuyó a erigir no juzgaron heroicas sus hazañas y le dejaron sin gratificación. Hablaba el latín, lengua que aprendió cuando sobre Guinea proyectaba otra sombra” (73).

No obstante eso, y no es una casualidad, a diferencia de los demás personajes mesiánicos, no va a Europa a estudiar sino a Cuba. La elección de Cuba no es casual por ser el símbolo de la revolución anticapitalista y por ser la patria de Nicolás Guillén, poeta defensor de los derechos de los negros que el autor indica con una perífrasis: “el alma impregnada del aroma de un gran poeta negro” (73). La presencia de Cuba, el homenaje a Nicolás Guillén, las referencias implícitas a la Negritud de Fernando Ortiz y a Oswald de Andrade, el fundador del movimiento de la antropofagia, nos permiten decir que el mesías de Juan Tomás Ávila Laurel, a diferencia de sus predecesores, no mira hacia Europa, por el contrario sus modelos de referencia son, a su vez, el producto de la transculturación y de una cultura compósita[22] que se opone al modelo atávico europeo y a su noción de modernidad que ya no se ajusta al mensaje que el autor quiere trasmitir.

Para concluir, se puede decir que Juan Tomás Ávila Laurel, reelaborando la dicotomía tradición/modernidad, se pone en una posición fronteriza, en un lugar de tránsito, de tras-paso. Además, concretiza su hacerse menor a través de su capacidad de minar el lenguaje y de hacerlo huir por una línea doblemente revolucionaria[23] y proponiendo un diálogo circular y paritario con y entre sureños, entre sujetos que se están rescatando de la posición de subalternidad en la que los ha puesto Europa forzosamente.























Bibliografía

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Nsue Angüe, María. Ekomo. Madrid: Sial/Casa de África, 2007.

Vi-Makomé, Inongo. La emigración negroafricana: Tragedia y Esperanza. Barcelona: Ediciones Carena, 2000.





Obras de Juan Tomás Ávila Laurel





Ávila Laurel, Juan Tomás. Rusia se va a asamse, breve relato costumbrista ambientado en Malabo. Ediciones CCHG, Malabo, 1998.

____. La carga, novela, editorial Palmart, Valencia, 1999. 

____: Historia íntima de la humanidad, poemario, 2000 Editorial Pángola, Malabo, trabajo que mereció una mención honorífica en la XXXV edición del certamen literario internacional Odón Betanzos Palacios, que organiza el Círculo de Poetas y Escritores Iberoamericanos de Nueva York, 2000.

____. Áwala cu sangui, relato ambientado en Annobón. Editorial Pángola, Malabo, 2000.

____. El derecho de pernada, ensayo sobre la realidad guineoecuatorial. Editorial Pángola, Malabo, 2000.

____. El desmayo de Judas, novela, ediciones CCHG, Malabo, novela que recibió el tercer premio de narrativa de la XXXV edición del certamen literario internacional Odón Betanzos Palacios, 2001.

____. Nadie tiene buena fama en este país, novela, editorial Malamba, Ávila, 2002.

____. El fracaso de las sombras, teatro, Tercer premio de la segunda edición del certamen literario 12 de Octubre, que organiza el Centro Cultural Español de Malabo, 2004

____. Cómo convertir este país en un paraíso, reflexiones sobre Guinea Ecuatorial. Editorial Pángola, Malabo, 2005.

____. Cuentos crudos, serie de relatos cortos sobre Guinea Ecuatorial publicado por el Centro Cultural. Puesto por Estanislao Medina Huesca, 2008.

____. Avión de ricos, ladrón de cerdos, novela, El Cobre Ediciones, Barcelona, 2008.

____. Arde el monte de noche, novela, Calambur Editorial, España, 2009.

____. Diccionario básico, y aleatorio, de la dictadura Guineana, ensayo, Ceiba Ediciones, España (edición electrónica disponible en la web "Ceibabotiga.com", 2011.

____. Letras Tranversales: Obras Escogidas. (Ensayo, Poesía, Relatos, Teatro), Verbum Editorial, Madrid, 2012.
















[1]          Utilizo el término emergencia parafraseando al ilustre comparatista Claudio Guillén, el que en el ensayo “Mundos en formación: los comienzos de las literaturas nacionales” (2007) utiliza el neologismo literatura emergente como calco del inglés (emerging literature) para indicar la formación de nuevos sistemas literarios.
[2]           Con el término hispano-africana indico las literaturas escritas en lengua castellana por parte de autores africanos que viven en su país de origen donde no siempre el castellano es lengua que presenta una herencia colonial. Me refiero por ejemplo a la literatura de expresión castellana de Magreb como la hispano-marroquí (país, Marruecos, que sufrió la presencia del Protectarado Español de 1912 a 1956), la de Túnez, y Argelia la hispano-camerunesa, la guineoecuatoriana, y la saharaui.
[3]           Con el término literatura de la migración indico los escritos de los migrantes que escriben en la lengua del país acogedor, y que no siempre es lengua materna o con la lengua “botín de guerra” de la época colonial. En esta definición, incluyo los escritores de primera y de segunda generación.
[4]            Cassano Franco. Il pensiero meridiano. Roma, Bari: Gius. Laterza & Figli, 1996. p.53. (énfasis mío)
[5]           Cifr. Dussel, Enrique. 1492, El encubrimiento del otro: (hacia el origen del "mito de la modernidad"). Madrid: Nueva Utopía, D.L. 1992.
[6]           Gnisci, Armando. Creolizzare l’Europa. Letterature e migrazione. Roma: Meltemi, 2003. p.25, énfasis mío
[7]           Ya Gramsci en su estudio Alcuni temi della quistione meridionale había teorizado un modelo geográfico para conocer la situación real del sur de Italia. Sólo conociendo el sur con todas sus contradicciones se podía llegar a interpretar el norte. Así que partiendo de Gramsci y siguiendo con el pensamiento de Bhabha, llegamos a definir cómo, por medio de los estudios fronterizos, se puede salir de la frontera misma y se puede entrar en contacto con el norte estableciendo con éste un diálogo entre pares.
[8]           Deleuze, Gilles; Guattari Félix. Kafka. Por una literatura menor, México D.F.: Ediciones Era SA, 1978. (Trad. de Jorge Aguilar Mora). P 28.
[9]           Hago referencia al modelo tetralingüístico elaborado por Henri Gobard y citado por Deleuze y Guattari en su ensayo sobre las literaturas menores. En contextos sociolingüísticos muy complejos donde conviven de forma diglósica muchos idiomas es posible elaborar una clasificación en base a la función social a las relaciones de fuerza que en un dado tiempo histórico y en un dado entorno espacial, estas lenguas absuelven. En base a este modelo es posible clasificar las lenguas en cuatro categorías: “la lengua vernacular, maternal o territorial, de comunidad rural o de origen rural; la lengua vehicular, urbana, estatal o incluso mundial, lengua de sociedad de intercambio comercial, de trasmisión burocrática etcétera, la lengua de primera desterritorialización; la lengua referencial, lengua del sentido y de la cultura, que realiza una reterritorialización cultural, la lengua mítica, en el horizonte de las culturas y de reterritorialización espiritual o religiosa” (39).
[10]         Cifr. Deleuze, Gilles; Guattari Félix. Kafka. Por una literatura menor, Op. Cit. p. 32.
[11]          Ibidem. p.31.
[12]          Ibidem. p.30.
[13]         Me he ocupado de este tema en mi tesis doctoral. Tesis defendida en mayo de 2008 en la universidad del Salento (Italia). Título de la tesis La literatura hispano-marroquí. Un modelo mediterráneo posorientalista y posoccidentalista.
[14]            Fra-Molinero, Baltasar. “La figura ambivalente del personaje mesiánico en la novela de Guinea Ecuatorial”. Ngom, Mbare Faye. Ed. de. La recuperación de la memoria: creación cultural e identidad nacional en la literatura hispano-negroafricana. Servicios de publicaciones Universidad de Alcalá. Alcalá de Henares: 2004. p.120.
[15]              Ávila Laurel, Juan Tomás. Avión de ricos, ladrón de cerdos, novela, El Cobre Ediciones, Barcelona, 2008. Todas las citaciones a partir de ahora van a ser sacadas de dicha edición de la novela.
[16]           Cifr.Deleuze, Gilles; Guattari Félix. Kafka. Por una literatura menor, Op. Cit. p.32
[17]            Vi-Makomé, Inongo. La emigración negroafricana: Tragedia y Esperanza. Barcelona: Ediciones Carena, 2000. p. 12.
[18]           Ibidem, p. 13
[19]             Andrade de, Oswald. Serafim Ponte Grande. São Paulo: Globo editora, 1990. trad. di Daniela Ferioli. Serafino Ponte Grande. Torino: Einaudi, 1976. p. 21.
[20]            Fra-Molinero, Baltasar. “La figura ambivalente del personaje mesiánico en la novela de Guinea Ecuatorial”. Op. Cit. p.115.
[21]           Nsue Angüe, María. Ekomo. Madrid: Sial/Casa de África, 2007. p. 107
[22]            Cifr. Glissant, Édouard. Introduction à une poétique du divers. Gallimard, 1996. Poetica del diverso. Roma: Meltemi, 1998, traducción de Francesca Neri.
[23]           Cifr.Deleuze, Gilles; Guattari Félix. Kafka. Por una literatura menor, Op. Cit. p.33.







Selena Nobile. Laureata in Lingue e Letterature Straniere presso l’Università degli Studi di Lecce nel 2003 ha conseguito il titolo di Dottore di Ricerca in Studi Letterari Linguistici e Culturali presso l'Università del Salento nel 2008 (Titolo della tesi: La Literatura Hispano-marroquí. Un modelo mediterráneo posorientalista y posoccidentalista). Ha realizzato studi di “frontiera” sulla letteratura bilbaina di espressione spagnola, su César Vallejo e Oswald de Andrade, sulle letterature africane di espressione spagnola (Guinea Equatoriale, Marocco, Sahara Occidentale e Camerun) e sulle letterature della migrazione in Spagna e in Italia, in particolare sulle scritture femminili della migrazione. Ha insegnato letteratura spagnola presso l'Università della Calabria e lingua e traduzione spagnola presso l’Università del Salento. Attualmente insegna letteratura spagnola presso l’Università della Basilicata e l'Università del Salento.
Abbiamo il piacere e l’onore di accogliere il suo contributo al nostro progetto Comenius.

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